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AMLO: más Donald Trump que Winston Churchill

Cuando el presidente miente al sugerir que "se aplastó la curva" de contagio, contraviene el discurso de prevención de su propio gobierno; al mentir, parece preferir a Trump antes que a Churchill.


El presidente en una de sus conferencias mañaneras aseguró que su gobierno dominó al coronavirus.

Es en la crisis cuando se conoce realmente al prójimo, y mucho más a quien tiene la responsabilidad de gobernar. El triunfo de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial no se entiende, por ejemplo, sin los discursos del primer ministro británico Winston Churchill, quien llegó al poder hace casi ochenta años exactos, en el momento más ominoso imaginable para su país y el mundo.


Churchill entendió cabalmente la complejidad de su papel público. Aun ahora, sus discursos se leen, además de como extraordinarias piezas literarias, como una combinación de arenga patriótica y diagnóstico honesto y doloroso del esfuerzo por venir. Churchill jamás minimizó el calibre de la amenaza que se cernía sobre Gran Bretaña. Al contrario: le habló al pueblo inglés con la verdad, a veces de manera descarnada, anticipando toda la “sangre, sudor y lágrimas” que habría de derramarse antes de cantar victoria.


Al mismo tiempo, claro, Churchill aprovechó cada segundo frente al micrófono para transmitir confianza y serenidad frente a la adversidad. Nunca se le escuchó derrotado, ni siquiera cuando la realidad sugería una derrota próxima. “Churchill movilizó el idioma inglés y lo mandó a la batalla”, decía el célebre periodista Edward R. Murrow, quien lo explicó mejor. Tenía razón.


Churchill seguramente reprobaría el papel público de buena parte de los jefes de Estado del mundo en la batalla común contra el coronavirus. Oscilando entre la absurda negación y el desprecio al verdadero alcance y riesgo del virus, muchos gobernantes han quedado a deber en ésta, su hora de mayor exigencia.


Es inevitable pensar en el presidente de México, que insiste en utilizar sus comparecencias frente a la prensa, que no son otra cosa que oportunidades diarias de hablarle de frente al país, para tergiversar datos, presentar versiones ennoblecidas del desafío y hacer menos el riesgo que aún espera a México en los próximos meses.


Quizá López Obrador pretende emular solo una parte del ejemplo de Churchill: su capacidad para animar a un país afligido. Tiene derecho de asumirse como animador en jefe de la vida mexicana, pero no a costa de la otra variable de la lección que dejara Churchill: la necesidad imperiosa de decir la verdad. Cuando el presidente miente al sugerir que "se aplastó la curva" de contagio en el país, contraviene el discurso de prevención de su propio gobierno y de varios gobiernos locales, incluida la Ciudad de México, que gobierna una de sus mayores aliadas. Peor aún: al mentir, López Obrador parece preferir a Trump antes que a Churchill.


Triste destino.



fuente: https://expansion.mx/

02/05/20  (17:08).

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